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Arresto domiciliario

Por Oscar M. Prieto , 6 abril, 2015

Hay sentencias judiciales cuya lectura y conocimiento debería hacernos parar unos minutos para recapacitar sobre este mundo nuestro. Una de éstas es la emitida recientemente por el Juzgado de lo Penal número 1 de Vigo, en la que se condena a un sujeto a una pena de cuatro días de localización permanente, es decir de arresto domiciliario, por una falta de hurto.

Los hechos se remontan al 29 de diciembre en los que el condenado sustrajo unos guantes, valorados en 17,50 euros, de una tienda de deportes, al día siguiente se apropiaría de una bicicleta en un portal y completaría la faena con el robo de una gafas de sol, marca Rayban, en una óptica de la misma localidad.

Tanto va el cántaro a la fuente que días después, al no poder explicar el origen de la bicicleta y llevar puestas las prendas que le incriminaban, sería detenido por la Guardia Civil en el mercado de Sabaris. El delincuente reconoció los hechos ante el juez, pero no se presentó a juicio. Juicio en el que sería juzgado y condenado, como acabamos de decir, a una pena de 4 días de arresto domiciliario.

La historia que nos ocupa ahora, más allá de las cuestiones procesales propias, es una de esas caricaturas que en la exageración de algunos rasgos hasta lo ridículo provoca risa y al mismo tiempo evidencia algunas verdades que por cotidianas hemos dejado de ver, por acostumbrados ya. Cantar las verdades era el papel de los bufones.

La cuestión es que el condenado a arresto domiciliario vive en un cajero de Caixa Galicia –aunque estos días por obras, se ha tenido que mudar a otro, más incómodo de una sucursal del BBVA–. En la sucursal por supuesto no quieren ni oír hablar de que pase allí las 24 horas del día, bastante que le dejan pasar la noche. En el albergue las normas lo impiden, ya que los usuarios no pueden estar más de 24 horas seguidas. Así que, como dice Miguel Ángel, que así se llama: «Si quieren que cumpla la sentencia que me paguen un hostal que vale 12 euros las noche». No estaría mal que condenaran a todos los que duermen a la intemperie a dormir bajo techo y que alguien fuera el responsable civil subsidiario.

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