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‘L’argent de poche’ un film importante para cualquier docente.

Por Albanie Casswell , 11 enero, 2016

‘L’argent de poche’ (en España, ‘La Piel dura’) es una bellísima película de Françoise Truffaut rodada en 1976 en la que se describe la vida de una serie de niños de un pequeño pueblo de Francia, Thiers. La historia transcurre, en su mayoría, dentro de la escuela.

Éste podría ser un film cualquiera de Truffaut, una película bella y delicada que lograría alcanzar nuestras expectativas respecto a tal director, pero que seguramente no es tan conocida, ni tiene tanto renombre, como ‘Jules et Jim’ o ‘Les 400 coups’ aunque, a mi parecer, sea mucho más importante.

¿Por qué? ¿qué tiene ‘L’argent de poche’ que no tengan las tropecientas mil películas relacionadas con la educación que suelen cumplir el esquema ‘profesor progre en escuela tradicional/conflictiva que quiere cambiar las cosas pero las autoridades del centro convierten su causa en una carrera de obstáculos aunque finalmente todo suele terminar bien’? Precisamente que no sigue dicho patrón, y que vela – de forma bellísima y real – por algo mucho más importante: los derechos infantiles.

 

El título que le atribuyeron en la versión española ya desvela parte de la gran metáfora en la que se convierte, minuto a minuto, la película: la piel dura por fuera, de los niños como Gregory, que caen desde un noveno piso sin rasguñarse, sonrientes, vistos como invulnerables para los adultos que suelen tratarles con indiferencia o exagerada ñoñería. Y por otro lado, el interior blando, un interior suave y tierno, necesitado de afecto y protección.

El Sr.Richet dice algo que me parece, cuanto menos, reseñable: es necesario educar a los niños para ser fuertes y afrontar la vida, porque la vida es severa, sí, pero eso no significa que debamos convertirles en piedras.

Una de las ideas más reiterativas de esta pequeña joya es la de la inmensa tristeza infantil, que no sólo impregna todas las escenas, sino que también podemos escucharla en la canción de Charles Trenet que viste la película: ‘Les enfants s’ennuient le Dimanche’ en la cual, una melodiosa voz, recuerda que los niños están mucho más tristes de lo que sus madres piensan, una idea que rompe con la concepción idílica de la infancia que se deshace por completo ante en el personaje de Julien (el niño maltratado). A pesar de la gravedad de la situación de dicho infante, no es necesario llegar a su historia para palpar esa melancolía en los ojos de los demás niños, los cuales son incomprendidos y casi invisibles para el mundo que les envuelve, lleno de personas que les quieren, sí, pero que no son capaces de vislumbrar su propio mundo interior: nadie les entiende realmente ni sabe muy bien qué hacer con ellos.

Es también esencial vislumbrar las dos muestras de modelo de profesorado distintos (aunque se retroalimentan entre sí) como pueden ser el de la Sra.Petit y el del Sr.Richet, la primera algo más autoritaria, tradicional, preocupada por la disciplina y los conceptos teóricos, frente al segundo, algo más preocupado por la humanidad que por las enseñanzas académicas (sin llegar a colgarse el título de docente salvador ni mucho menos, como ocurre en otros films del mismo género). A raíz de estos dos modelos es interesante, para el docente, ver cómo se tratan diversos temas según su perspectiva. Sobre todo me parece recalcable la reacción de la Sra.Petit ante el punto de inflexión (el descubrimiento del maltratamiento infantil a Julien), la cual se siente culpable por no haber detectado antes los síntomas y haber sido demasiado rígida con el alumno.

 

Pero el momento estrella del film, es, sin duda, el monólogo final del Sr.Richet después de descubrir la realidad de Julien. En la pasión y desgarro de sus palabras se esconde el habla de los niños, niños sedientos de crecer para convertirse en alguien que puede decidir sobre la vida que quiere, que puede ejercer sus derechos al completo, porque los adultos cuando son infelices pueden volver a empezar, pero cuando un niño es infeliz está indefenso. Richet susurra que la vida no siempre es justa pero que podemos luchar para que lo sea, para ser conscientes de que el derecho de los niños es ignorado por los partidos políticos puesto que no les interesan los niños como Julien, por el simple hecho de que los niños no votan. Porque si los niños votaran tendrían mejores servicios, mayor protección. Porque, como dice mi profesor de universidad Xavier Gimeno Soria, si los niños votaran no habrían cerrado la red europea de atención a los infantes por tal de trasladar su financiamiento a servicios para la tercera edad (es decir, casualmente para gente con derecho a voto).

 

Para terminar os dejo el link (extraído del blog de TeaTenerife) a la transcripción literal de dicho monólogo, altamente recomendable y muy interesante para padres, madres, educadores y cualquier ciudadano que quiera contribuir a hacer del mundo un lugar más reconfortable para todos sus habitantes, incluido los más pequeños: Sr.Richet, monólogo de los derechos infantiles.

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