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Aragonés

Por Salvador Gutiérrez Solís , 4 febrero, 2014

No conocerá Luis Aragonés Eurovegas, ni podrá ver unas Olimpiadas en su Madrid de gallinejas con aliento de Ducados. Se nos ha ido de repente, a la chita callando, pocos sabían de su enfermedad. Se nos ha ido sin reclamar su hueco en el museo de la gloria, sin pedir lo que es suyo: que es mucho. Se nos ha ido, y esos pocos seguidores que imaginamos verlo entrenando a esos pocos equipos que no entrenó nos quedaremos con las ganas. Hay que joderse.

Para mí Aragonés, más allá de sus frases, de sus excesos y sus caladas, más allá de sus patillas y de sus atemporales gafas de “concha”, más allá de sus collejas a Romario, y de su tutela a un incipiente Eto’o, más allá de su Calderón y ese gol que recoge la Wikipedia, es la segunda parte en la semifinal de la Eurocopa de 2008, frente a Rusia.

Anímicamente, puede que la Roja comenzara a ser la Roja en la tanda de penaltis frente a Italia, pero futbolísticamente comenzó a serlo en esos cuarenta y cinco minutos de fútbol de ensueño, magia y precisión. Ni en la Play recrean los chavales jugadas tan arquitectónicamente trenzadas, tan endiabladas, en esa comunión que tan poco se da en el fútbol: eficacia y belleza. 

Pocas veces he disfrutado tanto contemplando un partido de fútbol. De la Selección, seguro que no, ahí señalo su fulgor, el diamante idílico en su talla, los kilates indeformables, la perfección. Y lo hizo Aragonés sin esa filosofía edulcorada y paleta que tanto les gusta exhibir a los entrenadores de la tecnocracia balompédica. Esos que, como los cocineros de postín, ya no citan en sus reflexiones a los elementos esenciales de este deporte, a su sal, su ajo y su pimienta.

Se nos ha ido Aragonés, hay que joderse, pero su sombra permanecerá para siempre en el museo de la gloria. Hasta los rusos han llorado su muerte, y eso que ni la olieron. Qué manera de jugar.

http://www.youtube.com/watch?v=RRxZMTol7y8

 

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