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Aprender y disfrutar

Por Redacción , 9 octubre, 2017

A toda una generación de españoles, escuchar la palabra ‘Malta’ le activa el chip de la nostalgia y le traslada inexorablemente a su infancia o juventud, a una fría noche de diciembre de 1983. De aquel pequeño país tan solo se sabía que se enclavaba en una pequeña isla situada en algún punto del Mediterráneo.

Esa noche, un locutor de RTVE llamado Alfonso Azuara se desgañitó en plena retransmisión de un partido de fútbol cuando un futbolista menudo de nombre Juan Señor anotó el duodécimo gol de la selección española en el encuentro que le enfrentaba a la de aquel pequeño país. En realidad, en aquel partido la selección española se enfrentaba a sí misma. Para conseguir plaza en la Eurocopa que se celebraría en Francia el verano siguiente debería conseguir un reto en apariencia imposible: vencer a su rival por más de once goles de diferencia. Así ocurrió y el recuerdo de aquella noche, con el gallo de Azuara incluido, la imagen de incredulidad de John Bonello, el portero maltés, quedó grabado indeleblemente en la memoria colectiva.

A esa generación le cuesta explicar a las que llegaron después, a sus hijos, a sus nietos, que RTVE era la única cadena de televisión; que para la selección española ya era un logro clasificarse para una gran competición internacional y lo de ganar un Mundial estaba en el listado de quimeras porque los cuartos de final siempre habían supuesto un muro infranqueable; que hablar inglés era cosa de muy pocas personas porque, aunque abría algunas puertas, conocer el idioma de Shakespeare no se consideraba necesario. Ah, y que no existían los teléfonos móviles.

Algo, sin embargo, no ha cambiado en estos siete lustros: Malta continúa siendo un lugar ignoto para la mayoría de nuestros compatriotas. Tanto entonces como ahora son pocas las personas que sabrían ubicarla en el mapa o decir algo de este país más allá de que es una isla y de que está en algún lugar del Mediterráneo.

A estas alturas del siglo XXI, sabemos que conocer el inglés es casi imprescindible para ampliar las posibilidades de desarrollo tanto en nuestra vida laboral como en la social. Ya no es que abra algunas puertas, es que muchas, muchísimas, estarán cerradas si no tenemos recursos para manejarnos en un idioma que se ha convertido en la ‘lingua franca’ de nuestro mundo actual.

A estas alturas del siglo XXI, sabemos también que aprender y disfrutar no están reñidos. Es más, que una vida ideal se va conformando mientras somos capaces de realizar ambas cosas a la vez. Si, además de aprender inglés, podemos deleitarnos de las maravillas que nos ofrece ese pequeño pero maravilloso país situado al sur de Sicilia, habremos conseguido la cuadratura del círculo. Los cursos de inglés en Malta nos permiten compatibilizar ambas facetas.

¿Qué mejor que, mientras se tiene la posibilidad de aprender, poder disfrutar de las temperaturas agradables, de los cielos eternamente azules y de la calidez de las aguas de su (nuestro) mar en la ciudad de Sliema? ¿Qué mejor que, mientras se tiene la posibilidad de aprender, pasear por las añejas calles y dejarse imbuir de la vida social de St. Julian?

 

 

 

 

 

 

 

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