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Amazon: el potosí

Por Anna Genovés , 28 Febrero, 2015

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Imagino que la mayoría de lectores cuando lean la palabra Potosí, escucharán ecos del pasado. A lo mejor, no tienen ni la más remota idea de qué se trata. Es lógico, son expresiones antiguas que, con el paso de los años, caen en desuso. En mi caso, la abuela le dijo a mi padre: “Vales un Potosí”. En fin, la vida pasa como un reloj perfecto que antepone tiempo a sentimientos… Ahora, escuchamos “cool” y todos comprendemos su significado.

RAE

Potosí.

  1. m. Riqueza extraordinaria.
  2. Valer algo o alguien un Potosí. Valer mucho.

Ahí queda el significado para todo aquel que haya llegado tarde a su encuentro.

Antes de autopublicar mis trabajos en Amazon, hice una coedición con una editorial, y fue tan chuga, que decidí tirar por otro camino. Claro, había leído numerosos artículos en los que parecía que se ganaba el oro y el moro subiendo tus manuscritos al gigante digital que lo vende todo más barato que en las tiendas físicas de tu entorno. Amén, de encontrar hasta camellos con tres jorobas si te lo propones. Debe ser que soy pésima escribiendo. O más tonta que el novicio Adso of Melk de El nombre de la Rosa. A lo mejor resulta que, algunos blogosferos, cuentan más mentiras que Jack Sparrow de Piratas del Caribe.

Llevaba varios días dándole vueltas a la masa encefálica que subyace entre frontal, parietales, temporales y occipital. No tenía claro si escribir o no esta entrada. Pero hoy, tras escuchar en el Informativo que el fisco va a mirarnos hasta el ojete para ver si queda algún churrasquito de heces por el intestino delgado. He dicho: “¡Al carajo! A publicar”.

El caso es que, a finales del mes pasado, edité mi última novela en Amazon. No sin antes haberla repasado miles de veces, maquetado para no meter la pezuña como ínclitas editoriales, diseñar la portada, dar el OK a los canales de distribución, y ¿cómo no? Ponerle el PVP. Nunca he sido muy ambiciosa y soy consciente que mi tren se quedó anclado en la última estación de Siberia. Pero soy tenaz y deseaba hacerme un colchoncito para poder enviar otros manuscritos a concursos… Imagino que igual que otros juntaletras, escribidores, escritores e incluso periodistas cibernéticos.

Es el tercer libro que publico en Amazon, funciono como autoeditora de chicha y nabo que se autopublica (Proust también lo hizo –con dinero por delante porque era un señorito bien—. Y no tuvo reparos en que fuera Vox populi). Pero además, soy la comercial que reparte pasquines de sus novelas. Más de uno dirá a mi paso: “Será gilipollas. Repartiendo papelitos de comprarme un librito. Como una Jehová vendiendo biblias”. Si me encargan alguno, lo pido y después, lo entrego. Electrónicos, sólo unas miajas está por la labor.

2Con todo, trabajo como una amerindia en las minas y no me como ni un rosco. Pienso que a otros autores –siempre existen excepciones. No se puede generalizar—, les sucede lo mismo aunque digan lo contrario. Ya puedes publicitarte en Face o en el coño de la Bernarda. La mayoría de los meses, los royalties de ventas no superan los 5€. Lanzas un título, y, con suerte, el primer mes, puedes sacarte un Bono Oro para el bus. El segundo, comprarte un suéter en Lin Chen. El resto de meses, no sacas ni para pipas; son más baldíos que el agua del desierto.

¡Ah! Pero la gratificación de publicar en Amazon va mucho más allá: puro éxtasis. Lo haces todo tú y, además, satisfacer por unas horas a tus congéneres, eso, no tiene precio. Chicos, ¡publicad en Amazon! Todo un potosí. La droga actual del pueblo; la palabra “coca” proviene del vocablo aymara (lengua amerindia) “q’oka”, que significa “alimento para los trabajadores”.

Potosí (Wikipedia), conocida antiguamente como la Villa Imperial de Potosí. Ciudad del sur de Bolivia, capital del departamento del mismo nombre y de la Provincia de Tomás Frías. Se extiende a las faldas de una legendaria montaña llamada Sumaj Orcko (en quechua: ‘Cerro Rico’), en la cual se situó la mina de plata más grande del mundo desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII.

Wara – Coca

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