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Ali Smith: archivo psíquico

Por José de María Romero Barea , 28 julio, 2017

Todo biógrafo pretende llegar al interior de un escritor, pero, sobre todo, recrear esa vida en un relato. Nadie, sin embargo, conoce a nadie. No del todo. Es imposible. En eso consiste el problema del yo y el otro. Ni siquiera podemos conocernos del todo a nosotros mismos. La escritora y erudita Magggie Fergusson eleva la entrevista a la categoría de herramienta biográfica en el número de verano de 2017 de la revista británica Slightly Foxed. Tomando como referencia el archivo oral de lo que la también escritora Ali Smith (1962) ha dicho, sus aspiraciones y angustias. Fergusson demuestra que la mayoría de los orígenes y las preocupaciones de las novelas y cuentos de Smith están vinculados íntimamente con su biografía.

Responde la escocesa con frases breves. Desde la publicación de su primer libro de cuentos, Free Love and Other Stories (1995), hace una década, cuando tenía 32 años, se ha dado a conocer como una escritora con voz propia. Ahonda Fergusson en el concepto de novela-escritura como proceso orgánico, personificado en el comentario de Virginia Woolf, en La señora Dalloway, de que “es necesario escribir el libro primero e inventar una teoría después”. Denuncia la periodista que la exégesis literaria demasiado a menudo da por sentada la intencionalidad del autor y una infraestructura teórica que no existe.

Identifica y acota la directora de la Royal Society of Literature a sus lectores afirmando que el arte de Smith es la fuente principal de su interés por nosotros, el “lector común”. Para alguien cuyos libros exudan confianza – novelas y cuentos de prosa pirotécnica, aberturas torbellino, hechizante invención – insiste la dramaturga de Trace of Arc (1989) en que no se atrevería a llamarse a sí misma autora. Cuando terminó Hotel World (2001), nominada para el premio Booker, casi entrega el manuscrito al fuego.

Quizás es culpa de los novelistas que hayamos llegado a imaginar nuestras vidas como secuencias: Fergusson nos ofrece las respuestas de la autora de The Accidental (2005) de forma arbitraria, y nos deja a ordenarlas. Smith se manifiesta en su capacidad de recibir y registrar impresiones. Incluso confiesa haber planeado escribir un libro en sueños: “Llegó en frases. Fue muy impactante para mí porque no soy una de esas escritoras que recibe nada de los sueños. Lo escribí en mitad de la noche”.

La entrevista casi llega a convencernos de que los colores y las formas de un libro son la totalidad de nuestra vida. Se trata, sin duda, de una puerta de entrada ideal a la obra de Ali Smith, una forma de calibrar cómo ha evolucionado en su escritura, por qué es como es. Su característica más original y útil es su estructura. Las principales obras se abordan en orden cronológico, explicadas con sensibilidad, sin juicios de valor y sin recurrir al lenguaje y los conceptos de académica especializada.

Todos sus libros, concluye la autora de How to Be Both (2014) han sido acerca de la escritura. No en vano, todo biógrafo trabaja con archivos de papel. Derrida describía el “archivo psíquico”, distinto de la memoria y la conciencia, que el psicoanálisis, a su juicio, podía excavar parcialmente. Aun así, no es posible llegar al centro de nosotros mismos. Ningún libro es estrictamente necesario, pero tampoco lo es el chocolate. Es probable que esta entrevista estimule el apetito por el trabajo de Smith en lectores que aún no hayan llegado a enfrentarse a ella.

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