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ALGUNAS IDEAS SOBRE Y CONTRA LA CORRUPCIÓN

Por Agustín Ramírez , 29 octubre, 2014

Cada día que amanece los españoles nos encontramos con un caso de corrupción nuevo y el grado de hartazgo de la población es creciente, aunque a la hora de ir a votar parece que la corrupción no quita votos, véanse los casos de Madrid, Valencia, Cataluña, Galicia y Andalucía, a modo de ejemplo.

Sin embargo se me ocurre hablar de algunas ideas que me parecen interesantes para combatir esta lacra social que hoy abunda en España.

Una de ellas sería la modificación del sistema electoral para hacerle realmente proporcional y representativo de la opinión de los votantes. El actual sistema es de una proporcionalidad aparente, ya que premia a los grandes partidos en detrimento de los pequeños, favoreciendo las mayorías absolutas en aras de una estabilidad democrática –según se defendía en los primeros años de entrada en vigor de la presente Constitución-que resulta bastante dañina para la vida pública; estas mayorías absolutas, tan frecuentes en nuestra vida política, -Congreso, Senado, administraciones autonómicas y administraciones locales- son un caldo de cultivo demasiado importante como para que la corrupción entre en la vida pública, ya que provoca una relajación en los controles, a lo que podíamos añadir que la no existencia de límites de mandatos provoca que la cosa pública se termine confundiendo con la cosa privada y volveríamos a recordar las comunidades autónomas citadas al principio de este artículo.

La oferta electoral está puesta en solfa por buena parte de la ciudadanía, el bipartidismo está herido de gravedad y solo se podría mantener gracias al sistema electoral; desde la extrema derecha hasta el tibio centro izquierda todo está cubierto por el paraguas de los partidos PP y PSOE, pero hoy es el día en el que –tras las estelas del 15M- demasiados ciudadanos reclaman otras ofertas electorales para terminar con esa alternancia –de ahí el impacto de Podemos-,  pero como no debemos olvidar la nefasta influencia del sistema electoral, si realmente se quiere relegar a los dos grandes partidos de los ámbitos del poder político, se hace imprescindible la alianza de todas las organizaciones y partidos para que bajo un programa mínimo, radical y posible consiguiese tal volumen de votos que pudiese imponerse, incluso, a pesar del vigente sistema electoral.

Otra idea para combatir la corrupción es que, si realmente se quiere luchar contra ella, se aumente la dotación presupuestaria para que exista más personal dedicado a perseguir tanto el fraude fiscal como más personal para que la Justicia no tenga la lentitud de un gran paquidermo y que los juicios no se resuelvan cuando la ciudadanía ya casi los ha olvidado; a la par se debería hacer una regulación a mínimos del número de asesores políticos nombrados a dedo en cualquier administración pública, ¿acaso los técnicos de la administración del Estado, en cualquiera de sus niveles, no tienen la suficiente preparación para desempeñar cualquier labor? Los nombramientos a dedo, en sí mismos, ya son una sombra de corrupción al permitir crear una pequeña administración paralela, adicta al poder que les nombra y demasiado bien remunerada, además de que, frecuentemente, esos nombramientos solo se justifican como pago de favores de todo tipo.

No obstante, si tras estas oleadas de corrupción en tantos ámbitos de la vida pública: comunidades autónomas, ayuntamientos, cajas de ahorro, partidos políticos, sindicatos y organizaciones patronales los resultados electorales fuesen semejantes a lo que hoy tenemos y nada cambia o cambia poco, como ha ocurrido hasta ahora, desgraciadamente sería verdad que tenemos los que muchos se merecen y lo que muchos, espero que más, no deseamos.

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