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Alguien tenía que decirlo: los sevillanos son muy intensos.

Por Eva María Torres de los Santos , 11 Abril, 2015

sevillanos

Querido sevillano de pro que eres ombliguista de tu tierra como el que más, no me leas. Yo no quiero que te indignes con lo que voy a decir y luego se te hinche la vena gorda y del sofoco te dé un vahío. Así que, no me leas.

Sevillano cosmopolita de esos que respetan y valoran sus raíces —aunque a veces sean tela de enrevesadas— pero sacan el tronco a pasear y no les importa dar sombra aquí o allá. Miarma, como tú y yo hay pocos, muy pocos, y creo que solo tú me vas a entender. Así que, léeme.

He dudado sobre escribir este artículo, porque aquí, en Sevilla, mucho ji ji y mucho ja ja pero cuando se tocan las sevillanas maneras… Ay, cuándo se tocan las sevillanas maneras…

En Sevilla el invierno da gusto y si el termómetro baja de los diez grados ya montamos el drama y decimos que estamos arrecíos, yo la primera. El verano es la estación por la que se nos conoce. Es la época en la que cuando abrimos una ventana, la flama nos da una guantada de calor en la cara, pero no nos quejamos nunca por esto. A los sevillanos se nos pasa el bochorno en un santiamén con una Cruzcampo fresquita y luego podemos intimidar al resto de españoles —en especial a los extranjeros, esos que viven de Despeñaperros para arriba— poniendo fotos de los termómetros en las redes sociales. Fotos que se pueden traducir por: Cómo te atrevas a bajar para abajo, en una mañana de agosto en la calle vas a sudar hasta la leche que mamaste.

Vaya, que en Sevilla, se vive bien si estás aclimatado. Ahora, no vayas tú a cuestionar las costumbres o a hacer alguna crítica de ellas porque, a poco que abras la boca, aparecerá el típico ombliguista desaborido con la almendra bien dura que te saltará a la yugular y, como te escantilles, hasta te sacará las entrañas ofendidísimo por lo que has dicho.

Pues yo hoy voy a cometer la temeridad de gritar a los cuatro vientos lo que ya era hora de que alguien dijera: los sevillanos son muy intensos. Ea, ya lo he dicho. Qué a gusto me he quedado.

Los sevillanos de pura cepa, los rancios, tienen un ansia viva que será muy normal por estos lares pero sana, lo que se dice sana, para mí que no lo es. Y eso es lo que les da esa intensidad, es decir, que eso es lo que los hace más pesados que una vaca en brazos.

Aquí, en la antigua Hispalis, los autores de libros de autoayuda, del rollo “El poder del ahora”, que pretenden solucionar todos los males queriendo que las personas se enfoquen en su presente más inmediato sin echarle ni un vistazo a su futuro, se comen los mocos.  Aquí, los sevillanos se  pasan el año entero proyectados en un futuro que ahora mismo es presente: los meses de marzo y abril. Me explico mejor. Ser sevillano enraizado significa que tus años tienen 360 días, como los años del resto de los mortales, pero en tu año más de trescientos días son puro relleno. ¡Qué cruz! Y qué estigma para los que vivimos aquí y no padecemos el mismo mal.

Esa intensidad llevada a la práctica supone que, en enero, cuando todavía el sevillano de pro no ha eliminado los polvorones navideños y aún tiene en el gaznate el último trozo de roscón de reyes, ya comienza a decir que huele a azahar. Y lo pone en sus redes sociales. Y los otros sevillanos de pro al leerlos, ¡hala!, empiezan a oler a azahar ellos también. ¡Qué poder de sugestión! Ni Anthony Blake adivinando el número de la lotería…

No es que los sevillanos sean unos jardineros en potencia…

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