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Adiós, intimidad

Por Inmaculada Durán , 1 mayo, 2014

redesSiempre he sospechado que el uso de internet y redes sociales no iba a ser gratuito, pero ni mucho menos había imaginado que el precio a pagar sería la pérdida absoluta de intimidad. Incluso para una analfabeta tecnológica como yo, resultaba evidente que no era casual que, tras consultar determinadas páginas web, comenzase a recibir e-mails comerciales en mi correo personal relacionados con la temática de las páginas visitadas. La primera pregunta cae por su propio peso: ¿cómo conocen mi dirección de mail? La respuesta, también es evidente: el rastro que dejamos en la red es el de un elefante en una cacharrería.

Hay empresas que se dedican exclusivamente a espiar a los usuarios, a seguir nuestros hábitos y sumar datos para convertirnos en un destinatario comercial perfectamente definido. Se infiltran en nuestra intimidad cibernética -en esa que pensamos que estamos seguros- a través de la descarga de ficheros, visitas a determinadas páginas webs o el uso de USB con virus camuflados. El delito más frecuente en la red consiste en averiguar nuestras contraseñas de correo electrónico. A partir de ahí, estamos perdidos: números de cuentas bancarias y claves de cualquier tipo quedan al descubierto.

El uso masivo de las redes sociales tampoco ha ayudado a preservar con celo nuestra intimidad. Una amiga me decía que ella controlaba Facebook porque controlaba todas las restricciones que podía utilizar. Después de tanto controlar, llegar a esta conclusión es admitir que estás absolutamente controlada. Evidentemente, ya existen, no uno, sino muchos programas, que obtienen tus datos igualmente. Es su negocio.

Pero, ¿cómo escapar de un modo de comunicación de uso generalizado? ¿Podemos, siquiera, sobre todo los más jóvenes, contar con la opción de no tener whatsapp, Facebook o Twitter? ¿Hay o habrá alguna manera de controlar los contenidos que generamos?

Sea como fuere, aprovecho para pedir desde aquí a mis amigos y conocidos que no me etiqueten ni en la foto de un bautizo.

 

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