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A cuento de una Slow Education

Por Clara Cordero , 30 abril, 2014
Fast Education. By Clara Cordero

Fast Education. By Clara Cordero

Durante estos días me han venido a la cabeza situaciones de antaño.

Preparando un bizcocho y buscando información en internet para recetas rápidas y sencillas he encontrado, cómo, en un santiamén, se pueden hacer bizcochos de 5 minutos, masas que no necesitan reposar, cuidados de belleza instantáneos… Al mismo tiempo se me ha cruzado la palabra mindfulness, esa breve meditación que nos hace pararnos en seco sobre un momento concreto.

Todo ello me ha llevado a este post. Recordando, como antes, aprendíamos haciendo, independientemente del tiempo que nos llevara. Como las recetas llevaban su tiempo de preparación, de cocción, de espera para disfrutar de ese delicioso manjar. Cómo había que calentar el agua para aplicarse mascarillas capilares, cómo la meditación era lo que tiene que ser, un remanso de paz, no de un momento, sino de más, y cómo los bizcochos eran perfectos, por dentro y por fuera (¿recordáis el de vuestra abuela?).

La vuelta a la slow education parece irremediable.

Las prisas están acabando con nuestro disfrute del aprendizaje, con su durabilidad. La extrema competición a las que nos vemos sometidos en la escuela, tanto docentes, como padres y alumnos, nos lleva a un aprendizaje fugaz de cuestiones que necesitan tomarse su tiempo. La idea no es coleccionar contenidos, la idea es aprender procesos en ese camino donde aparecen esos contenidos.

La slow education pretende justo esto. Aprender sin prisas, con el objetivo de aprenderlo todo, sin pasar por alto nada, y donde cada cosa necesita su momento de expansión y de despliegue necesario para ser entendido correctamente. Es exactamente como cuando lo he comparado con una receta de cocina. La levadura tiene que hacer crecer el bizcocho, los ingredientes tienen que mezclarse en su justa medida, la posición en el horno debe controlarse para evitar acabar con un bizcocho que no ha subido lo suficiente o ha subido demasiado, que por un lado está bien y por otro quemado. Y, al igual que en la cocina, todo conlleva su arte de experimentación, en función de quien tengas delante. No todos los alumnos aprenden al mismo ritmo ni todos los bizcochos son iguales aunque la receta sea la misma. Cada cocinero tiene su arte, su habilidad especial que contribuirá a un bizcocho original, único e irrepetible. Lo mismo sucede con el aprendizaje, está rodeado de múltiples contextos en función de los diferentes protagonistas y cada uno lleva un ritmo, una pauta diferente.

Aprendamos a aprender despacio, demos tiempo a asimilar los contenidos, a degustarlos lentamente con cada actividad, para mejorar esos aprendizajes.

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