30 años sin Julio Cortázar |
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30 años sin Julio Cortázar

Por Pablo Brañanova , 12 Febrero, 2014

Un día como hoy de hace exactamente treinta años Julio Cortázar se despedía en París del mundo de los vivos. Nuestra lengua sigue teniendo en él a uno de sus grandes baluartes literarios, y el cuento, que comenzaba entonces a despojarse de esa injusta categoría de género menor, a uno de sus más exquisitos cultivadores.

En Bestiario, su primera obra, encontramos las huellas de Borges, pero también todos los elementos de renovación y ruptura para con las categorías absolutas: pocos lazos comunes habían encontrado realismo y fantasía en la tradición cuentística, que nos hacía pivotar entre el naturalismo y lo social de Echevarría o Baldomero Lillo, y lo puramente ilusorio o terrorífico de Quiroga o Lugones.

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El ser humano, que entre teorías freudianas y desastres bélicos ponía en tela de juicio su control absoluto sobre el mundo, sí se sitúa en el centro de la obra de Cortázar. El hombre, como noción de cercanía, destila de sus escritos todos los sufrimientos y preocupaciones de la clara consciencia del traidor subconsciente.

Pero a diferencia de Borges, Cortázar sí se acercó también a la novela. En 1963, verá la luz su gran e indiscutible obra maestra: Rayuela. La influencia de este magnífico artefacto sobre nuestra literatura peninsular, abanderó la lucha contra el realismo testimonial que nuestros escritores, ya al final del proceso dictatorial, le habían declarado a la herencia galdosiana.  Pero Rayuela, así como el resto de la obra del autor,  es mucho más que eso, mucho más de lo que sintéticamente podríamos esbozar en este escueto recordatorio, y tan inabarcable como culturalmente lo es París, Buenos Aires, la tradición jazzística, y todos los demás elementos que aparecen en ella.

No es necesario reivindicar a Cortázar, pues la vigencia sus textos goza de un envidiable estado de salud, y parece que así seguirá siendo por muchos años más. Sírvanos la efemérides de excusa, para un estimulante primer acercamiento o para la gozosa relectura de algunas de sus obras.

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