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Por Esther Patrocinio , 31 Marzo, 2015

El pasado lunes, antes de que el Airbus 320 se estrellara en los Alpes franceses, Lufthansa y su filial Germanwings eran dos compañías aéreas con buena reputación en Europa. Eso fue hasta que al día siguiente el avión de Germanwings se estrellara en su ruta entre Barcelona y Düsseldorf. Todos contuvimos la respiración y llegó la peor noticia posible…no hay supervivientes, 150 personas, bebés incluidos; perdón 149+1, fallecieron en el terrible suceso. Digo 149+1 porque según parece (debemos usar términos de suposición hasta que no haya confirmación oficial por parte de las autoridades que investigan el caso) el copiloto estrelló el avión en los Alpes franceses debido a su supuesta depresión y miedo a perder la licencia como consecuencia de un problema de visión.

Impresor de carteles de Bienvenida de Lufthansa en el Aeropuerto

Al margen de las especulaciones sobre los motivos, causas y explicaciones de lo sucedido lo que nos queda es la ausencia de 149 personas, y un copiloto supuestamente suicida, pero a Lufthansa y Germanwings les espera el ascenso desde lo más hondo del pozo de la desconfianza de clientes, trabajadores e inversores…y no solo a las compañías aéreas, la eficacia y eficiencia alemana ha quedado en entredicho. A diferencia de lo que sucedió con la llamada “crisis de los pepinos”, en 2011 en la que todos los medios alemanes, sin confirmación oficial, informaron de que la infección alimentaria había sido provocada por el consumo de pepinos españoles; ahora la información se dosifica, se protege la identidad del copiloto, se distorsionan fotografías y se utilizan las iniciales de su nombre. Europa y el mundo entero se preguntan qué falló en la cadena de mando para que un trabajador que no se encontraba en condiciones de pilotar un avión pudiera ocultar su enfermedad y partes de baja y seguir volando sin que nadie notara lo más mínimo. O quizás alguno de sus compañeros de Germanwings había notado algo y lo comunicó por vía interna a supervisores pero tal vez no llegó la información a quiénes debían tomar una decisión. Todo en término de hipótesis hasta que se confirmen los resultados de la investigación oficial.

Ese mismo día las acciones de ambas compañías, Lufthansa y Germanwings, caían en bolsa acompañadas hasta que se descartó el fallo mecánico de Airbus. La gestión de la crisis y su comunicación son temas para analizar en unos meses cuando el público y los mercados se pronuncien en compro/no compro billetes con estas compañías pero eso es tema para otro artículo. Descansen en paz aquellos que nunca vieron los carteles de bienvenida en las manos de quienes les esperaban en el aeropuerto. #indeepsorrow

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